ORGANIZACIÓN PROFESIONAL DE ESPACIOS
Empresa dedicada a la Organización Profesional de Espacios
A TUS NIÑOS ENSEÑA ORDEN - TODO EN ORDEN
17924
post-template-default,single,single-post,postid-17924,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,side_menu_slide_with_content,width_470,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1,vc_responsive

A TUS NIÑOS ENSEÑA ORDEN

El orden requiere de cada uno de nosotros determinación y compromiso. Siempre que nos propongamos ordenar, nos vamos a sentir tentados por la pereza o por la procrastinación, que nos dicen «más tarde lo hago» o «cuando tenga tiempo» y muchas veces el tiempo pasa y cada vez más el desorden se apodera de nuestros espacios.

En cuanto a los niños ellos suelen pensar: «Mi mamá o papá recogerá todo esto y ordenará la habitación» y lo piensan justamente porque eso es lo que sucede. Muchas veces preferimos nosotros mismos ordenar solo por no enfrentarnos a la tarea, por lo general muy desgastante de enseñar orden. Pero en realidad sobreproteger a nuestros hijos evitándoles realizar esfuerzos de cualquier tipo no les ayuda, para nada, a mejorar como seres humanos. En el momento en que dejemos de exigir a nuestros hijos estaremos renunciando a enseñarles a ser ordenados y los estaremos privando de los beneficios del orden que le serán de gran ayuda en su futuro.

¿Cómo Enseñar Orden?

Para enseñar a nuestros hijos a ser ordenados debemos motivarlos positivamente, con mucho cariño y paciencia. No está bien hacerles ver el orden como una manía o imposición, si ellos lo perciben así, no lo van a ver como algo bueno y menos lo van a querer practicar. El orden exige algo de flexibilidad, pues el orden en sí no es perfecto y no podemos pretender que en todo momento los espacios luzcan impecablemente ordenados. El orden es para hacer que nuestra vida sea más agradable, sencilla y eficiente. Por esta razón es importante que hagamos ver a nuestros hijos que nuestro interés por el orden es algo razonable, que tiene unos beneficios y no es algo arbitrario que se quiera imponer porque sí. Teniendo esto claro la idea es motivar a nuestros hijos para que ellos quieran ser ordenados.

Desde pequeños, podemos hacer que participen en las tareas de ordenar los juguetes o su ropa. Primero nosotros recogemos, y mientras lo hacemos, les vamos explicando con cariño cómo y por qué lo hacemos; luego, ellos mismos nos irán ayudando a hacerlo. No nos preocupemos si, al principio, nosotros recogemos veinte juguetes y ellos, solo dos o tres; poco a poco, la proporción se irá equilibrando a nuestro favor. Y, sobre todo, cada vez que nos ayuden a recoger, recibirán un elogio. Nuestros hijos, al igual que nosotros, experimentan alegría interna cada vez que hacen una buena acción que implique ejercer la voluntad. Este sentimiento interno viene reforzado y estimulado por el elogio y el cariño que les damos. De esta manera, el niño experimenta la conexión entre el logro, el bien y la alegría que este conlleva.

Es muy importante que en los niños se produzcan los siguientes razonamientos:

• «Hago una cosa buena, aunque me cuesta un poquito».
• «Me siento muy satisfecho por lo que hice».
• «¡Bravo!, y además mis papitos me premian con cariño».
• «Me siento contento y mis papitos también».
• «¡Qué bien!, ¡Vale la pena esforzarme en ordenar mis juguetes!».

Si motivamos bien a nuestros hijos, subiremos también su nivel de autoestima, pues se sentirán más alegres y capaces de realizar muchas más tareas. Si lo hacemos bien es probable que, el niño nos sorprenda contándonos que ordenó su cuarto sin que le dijéramos. Para conseguir esto, debemos actuar de forma positiva y con eficacia.

Procuremos que nuestros hijos poco a poco se acostumbren a tener hábitos de orden, de modo que terminen por hacer las cosas ellos mismos, sin que tengamos que estar ahí para imponerlo. Esto no es fácil, y solo se consigue a base de cariño, paciencia y perseverancia. Por otro lado es entendible que nuestro hijo de tres años no consiga adquirir en una semana ese hábito; por lo tanto a veces tendrá avances y retrocesos, es algo que sin duda va a suceder y no debemos desanimarnos cuando suceda. Para un educador, la paciencia es un requisito fundamental, pues los niños suelen tardarse en asimilar lo que queremos transmitirles.

Errores al enseñar Orden

No podemos pretender que nuestro hijo quiera ordenar si le transmitimos la orden con rabia, gritos y con reproches que dañen su autoestima; o con amenazas como «No dejarlos ver su programa favorito». Puede que haga caso en ese momento pero más por el miedo a las consecuencias, que por convicción de que se trata de algo bueno y correcto para él.

Si nuestros hijos solo hacen las cosas porque nosotros estamos presentes y, cuando faltamos, no lo hacen, entonces debemos analizar cómo los estamos educando. Preguntémonos si estamos siendo padres o sólo «policías», si es la última opción, esto significa que nuestros hijos aún no tienen de verdad adquiridos los hábitos. Es una contradicción por parte nuestra el regañar a nuestros hijos por ser desordenados para luego, al final, acabar por recogerlo todo nosotros. También es un error el repetirles las cosas demasiadas veces, pues los hijos se acostumbran a que «no pasa nada si mamá o papá me dice veinte veces las cosas», y de tal modo se genera una espiral de ineficacia que termina por desanimar a los padres, que al final prefieren recoger ellos, dado que no consiguen nada de sus hijos.

Para cambiar situaciones de este tipo, hay que armarse de firmeza, paciencia, optimismo y cariño. Destacamos aquí el cariño, podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que aún no se ha encontrado el caso de ningún niño que no reaccione positivamente al cariño de sus padres.

Es, por tanto, mucho más eficaz transmitir a nuestros hijos mensajes positivos cuando queramos obtener algo positivo de ellos, mensajes del tipo:
• «Amor, ¿me ayudas a recoger los juguetes?»; o «¡Vamos a recoger entre los dos, y ya verás qué terminamos rápido!». Este tipo de mensajes animan a nuestro hijo a colaborar, lo involucran de manera directa y hay que procurar transmitirlos con alegría y cariño.
• «Como ya eres un niño grande, ya sabes recogerlo todo súper bien»; o «¡Wow que bien recoge este niño, Genial!; o «Le vamos a contar a papá lo bien que has recogido todo, y ya verás lo contento que se va a poner».

Este tipo de mensajes incluyen el refuerzo positivo del elogio, que, sumado al cariño, suele tener unos resultados infalibles en nuestros hijos.

Post basado en el capítulo ¿Cómo enseñar a nuestros hijos a que quieran
ser ordenados? del Libro Educar en el Orden de Pablo Garrido Gil.


TodoenOrden

Organización Profesional de Espacios

CONÓCENOS

¿Quieres pasar del desorden  a tener TodoenOrden?  

CONTÁCTANOS

No Comments

Post A Comment